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NACIMIENTO Y DESARROLLO DEL SABER HUMANO

NACIMIENTO Y DESARROLLO DEL SABER HUMANO

1. MODO DEL SABER VULGAR

1.1. Caracterización

El hombre inicia el recorrido de su saber a partir de la actividad sensorial. Los cinco sentidos externos son como ventanas abiertas hacia las cosas que nos rodean, que permanentemente enriquecen el espíritu con noticias que provienen del mundo externo. Obviamente que se trata de un conocimiento elemental y primario, que conforma como un depósito de experiencias, vivencias, sensaciones, percepciones, etc.. Ese conjunto de conocimientos se llama “modo de saber vulgar”.

La palabra “modo” significa que se trata de una de las manifestaciones del saber del hombre.

La palabra “vulgar” no se toma en su actual significado de “ordinario”, “desechable”, “poco relevante”, etc.

Vulgar proviene de “vulgo”, que expresa un patrimonio común a todos, dado que el ejercicio sensorial es atributo de la naturaleza humana.

El modo de saber vulgar se caracteriza por ser simplemente “enunciativo” o, como tan acertadamente dice Aristóteles, “mostrativo”, vale decir, por anunciar o señalar que las cosas son, con prescindencia de indicar “qué son” o “por qué son”.

El conocimiento sensible, que es la fuente de donde emana el saber vulgar, es limitado.

Por definición se reduce a mostrar las cosas, a hacerlas presentes ante la concien-cia, como si toda su razón de ser se redujera a “anunciar” que algo o alguien espera en la puerta del espíritu. Aristóteles emplea una expresión acomodada para significar ese carácter mostrativo del saber vulgar, cuando lo llama “saber del qué”. Verdaderamente, en la esfera de su dominio, no entra otra preocupación que implique una actitud interrogativa del hombre frente a las cosas. Todo el saber está limitado a conocer que las cosas son, sin ninguna urgencia demostrativa que busque “comprobar”, “dar razón”, “justificar” o “proponer” una explicación de su naturaleza o de su origen causal.

Debido a su carácter elemental, simple y primario este saber es presentado como pre-científico. Muchos de sus enunciados, conceptos y datos se han incorporado al dominio de la ciencia. Esto ocurre porque el saber vulgar no es falso. Constituye solamente un saber insuficiente para las más altas exigencias de la vida teórica del hombre.

1.2. Utilidad

El modo de saber vulgar no debe ser ni despreciado, ni desechado. Aún cuando no satisfaga las urgencias de la dimensión teórica de la razón, es sin embargo utilísimo desde el punto de vista práctico, para la solución de problemas concretos que plantea la vida cotidiana. Martín Fierro alude a esa importancia cuando dice:

“El diablo sabe por diablo

pero más sabe por viejo”.

también:

“Junta experiencia en la vida

hasta para dar y prestar

quien la tiene que pasar

entre sufrimiento y llanto

porque nada enseña tanto

como el sufrir y el llorar”.

o también:

“Aquí muestran su inocencia

esos que todo lo saben...

que el campo tiene su ciencia

y el gaucho tiene esa llave”.

La inmensa mayoría de nuestros hombres de campo, obreros, artesanos, operarios, etc., son empíricos y, sin embargo, desempeñan sus tareas y su oficio con eficacia, y hasta con perfecto dominio del trabajo que ejecutan.

1.3. Formas de perfeccionamiento

El saber vulgar forma un depósito de conocimientos que no es estático. Su conjunto se llama “tradición primitiva” o, también, “tradición popular”. Existen tres caminos o formas que le permiten crecer y perfeccionarse.

La primera forma es un sistema de acumulación de experiencias.

Cada generación suma a la que le antecede el registro de sus propios conocimientos o vivencias. Entre persona y persona, media una verdadera sucesión que va de padres a hijos, de empleador a empleado, de un obrero a otro, etc., mediante un sistema fáctico de aprendizaje. En este largo recorrido los datos o los enunciados del saber vulgar sufren un proceso de decantación, de perfeccionamiento y de acumulación.

La segunda forma es la observación.

Esta conducta empírica y frecuentemente elemental lleva a tener en cuenta hasta los detalles más insignificantes, así en la relación de una cosa con otra, como en la secuencia de un fenómeno con otro. En esta forma el saber se enriquece con la captación empírica de las relaciones causales. Muchos pueblos primitivos, como los caldeos, etc., han llegado por la observación a descubrimientos importantes. Más aún: a partir del nacimiento del método experimental y de las llamadas “Ciencias Empiriológicas” la observación ha ganado el campo científico. Hoy en día constituye un paso fundamental en la investigación de las “Ciencias Particulares o Positivas”.

La tercera forma es la aplicación del sentido común.

Se entiende por sentido común un criterio práctico de acción. Este puede ser una de las manifestaciones de la virtud del arte, que Aristóteles reconocía como cualidad o hábito inherente a la capacidad operativa del hombre.

En términos generales se llama criterio al signo que permite distinguir fácil y adecuadamente una cosa de otra. En sentido estricto es el signo que lleva a la captación de la verdad. Tal es, en el plano lógico, la evidencia.

En el plano práctico y concreto, el sentido común opera como habilidad, acierto y maestría en la realización de la obra. Naturalmente que esa capacidad no se manifiesta en todos de la misma manera y con la misma intensidad. Quienes la tienen en mayor grado progresan en la realización de los actos o en la ejecución de las obras, lo que redunda en perfeccionamiento y en crecimiento cuantitativo del saber empírico.


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